Las organizaciones son, quieren y hacen los que las dirigen y, por ello, la necesidad de que los directivos comprendan que el desarrollo de nuevas competencias en un entorno como el que hoy vivimos es imperativo.

Tener olfato para los negocios es consecuencia del desarrollo de habilidades de escucha y observación.

El entorno impulsado por los cambios tecnológicos, el constante cambio en los mercados y la necesidad por transformar los modelos de negocio y la forma de gestionar, advierten que el desarrollo y formación de las personas tiene que basarse en el desarrollo de nuevas competencias distintas a las ya conocidas que impacten de manera contundente en las organizaciones. Cuando el entorno manda, se convierte en la envolvente de la empresa; cuando la empresa es proactiva, el entorno es resultante.

Las organizaciones no cambian solas, la cultura no se transforma sola. Son las personas las que tienen que cambiar sus comportamientos, habilidades y conocimientos para provocar esos cambios en la empresa.

Las empresas visionarias, aún en un entorno incierto, no dejan de fortalecer sus estructuras y prepararse para un mejor futuro. Frente al cambio, las organizaciones se adelantan, se adaptan o se atrasan. El reto es poner especial atención en el desarrollo simultáneo de las organizaciones y sus directivos y, así, conseguir revolucionar la empresa a través de las personas.

Nos ha tocado vivir la revolución digital donde los conceptos como el 2.0 ya forman parte de nuestro lenguaje cotidiano. Mucho se ha escrito sobre el tema y la necesidad de transformarse y adaptarse rápidamente a las condiciones actuales. Nos ha tocado aprender y entender para luego desaprender y volver a empezar y no solo a nivel técnico y de conocimiento sino también respecto de comportamientos, habilidades y competencias soft.

Era común planificar y pensar en el largo plazo, en un horizonte quizás de 5 o 10 años. La realidad es que hoy la planificación estratégica de las empresas no puede pensarse a más de 3 años y sin que pase por una revisión o actualización anualmente. Las personas podían hacer carrera en las empresas y desarrollarse profesionalmente prácticamente en el mismo sitio. Lo importante era acumular títulos para colgarlos en la pared, la información era poder y no debías compartirla mucho pero ahora en necesario cambiar todas esas ideas y actitudes para poder adaptarnos a los nuevos tiempos, sobrevivir y transformarnos.

Los escenarios emergentes demandan especial atención por integrar permanente nuevas capacidades orientadas a elevar los niveles de productividad y competitividad, pero también a enfatizar en el desarrollo de las tres capacidades básicas señaladas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE):

  1. La capacidad de innovación, imaginación y creatividad
  2. La capacidad de adaptación y adecuación rápida a los cambios
  3. La capacidad de aprendizaje de nuevos conocimientos.

Las condiciones actuales están propiciando cambios importantes en la forma de organización, gestión y comportamiento en las empresas y los directivos. Advierten que estas nos pueden continuar siendo rígidas en sus sistemas comerciales y operacionales ni basarse en estructuras piramidales. Por el contrario, la tendencia es hacia la producción y comercialización basada en la demanda y en la conformación de equipos de trabajo altamente efectivos y flexibles.

Por:
Juan Pablo Cerón De la Torre