Hacer de la gestión empresarial una labor profesional, sobre todo en empresas de tipo familiar, no es casualidad. El grueso de las organizaciones con estas características ha venido involucrando en la gestión del negocio a familiares por el simple hecho de serlo o por herencia, pero ¿qué tan bien preparados están estos para asumir cargos de dirección? ¿realmente son las personas adecuadas para desempeñar determinadas funciones y asumir responsabilidades? ¿la experiencia y el aprendizaje en el campo es suficiente en el entorno empresarial en el que las empresas hoy se desenvuelven? ¿la formación ejecutiva en la familia empresaria representa un gasto o una inversión?

Todos estos cuestionamientos rondan permanentemente en las cabezas de los líderes empresarios familiares, quienes, con el paso de los años, mucho trabajo y apego a su idea emprendedora y valores que los soportan han logrado hacer, crecer y mantener sus negocios y cuando es tiempo de integrar y educar a la familia en la empresa, no resulta una tarea fácil de realizar.

El entorno de los negocios en México ha ido evolucionando y profesionalizándose de manera significativa y poco a poco se ha hecho de un lugar particular en el marco global en cuanto a negocios se refiere. El desarrollo, la importancia de la profesionalización y las oportunidades en México, tienen que ver con la modernización de los sectores y la reestructuración de las industrias en búsqueda de nuevos modelos de negocio, el aprovechamiento de los mercados globales, el tamaño del mercado interno y la oportunidad de satisfacer nuevas necesidades derivadas del cambio tecnológico y la modificación de hábitos de consumo.

En el área de dirección y gestión de las organizaciones, así como en el sector emprendedor, se percibe la necesidad de nuevas competencias como respuesta a las oportunidades y exigencias de un nuevo entorno competitivo. Esas nuevas competencias no son solo de conocimiento, sino de habilidades de síntesis y ejecución. Dinámicas que combinan las competencias suaves y duras, articulando la visión de negocio, el liderazgo, la tecnología, los procesos, la organización y los recursos, bajo estrategias y modelos sustentables y auto-sostenibles.

En este contexto, la formación ejecutiva centrada en la transmisión de conocimientos bajo los paradigmas tradicionales de negocio y la toma de decisiones informada, ha de ser sustituida por una formación en procesos inteligentes e innovadores de negocio, que aceleren la transmisión, el aprendizaje de experiencias, modelos exitosos, el desarrollo de capacidades de anticipación y respuesta efectiva a través del uso de la tecnología, la información, la estructuración dinámica de modelos, estrategias de negocios apalancadas en el uso eficiente de los recursos y la alineación de las operaciones con las necesidades cambiantes y diferenciadas del mercado.

Quienes se encuentran al frente de los procesos de cambio y transformación en las dinámicas de las familias empresarias, deben asegurarse que cuentan con las competencias necesarias para visionar a futuro y ejecutar al tiempo de las necesidades actuales; para comunicar con efectividad las estrategias y transmitir los valores fundacionales que rigen su actuación; para crear ventajas competitivas que creen y retengan valor sostenido; para anticiparse, ser flexibles y aprender de los errores rápidamente y, por último, para innovar permanentemente.

Es común, como ya lo mencionaba antes, que las empresas de tipo familiar involucren a miembros familiares en los negocios y se formen en el trabajo. Con la experiencia y el paso de los años y, aunque el negocio consiga los resultados aparentemente, no necesariamente significa que la gestión empresarial se hace de la mejor manera buscando y obteniendo el mayor valor posible y sobre todo de manera sostenible.

Por otro lado, hoy por hoy, resulta apremiante que las organizaciones y quienes las lideran, en este caso ejecutivos familiares, cuenten con más elementos para hacer mejor su trabajo y por consiguiente hacer de este una gestión profesional. La conjunción entre experiencia y formación, sin duda, fortalecen a las empresas que hoy compiten en un entorno mucho más complejo y en donde la agilidad para responder al cambio es una constante.

Las organizaciones de tipo familiar que comúnmente son aquellas caracterizadas por contar con una vocación de continuidad y trascendencia, deben invertir en su formación que les permita atender la necesidad del cambio y la transformación de manera constante. La continuidad de las empresas familiares dependerá forzosamente de la vigencia de su propuesta de valor, de sus competencias de recreación o innovación y de la formación constante de sus líderes de manera profesional orientándolos en la conducción y formación de equipos de alto desempeño, la calidad del análisis y la toma de decisiones y la ejecución con resultados.

Las empresas y, más las familiares, son lo que saben, pueden y quieren los que las dirigen. De ahí que es necesario un liderazgo visionario y emprendedor y formado con estructura y elementos que le permitan gestionar mejor. Aquello que no sepa, pueda y quiera el que dirige, difícilmente lo conseguirá la empresa.

A la empresa hay que dirigirla y formarle competencias a través de una estructura profesional y una cultura fuertemente apalancada en los valores del cambio, la formación y capacitación constante, la innovación y el trabajo, pero también la ética y la integridad personal, para hacer todo lo posible correctamente y no hacer lo que no se debe. El cambio siempre recae en la cabeza, lo mismo de las familias que en las empresas y este solo se da apalancándose en los verdaderos líderes; esos líderes completos y reconocidos por su conocimiento, por su ejemplo y por su capacidad de cambio y por imponer nuevas prácticas que otros pueden seguir o replicar.

Es un error preocuparse por la continuidad de la empresa, sin una planeación ordenada y una ocupación efectiva en la educación y el desarrollo de quienes dirigirán los negocios en el futuro, la formación de su carácter, el inculcarles y transmitirles los valores que rigen la cultural y los comportamientos de la empresa y la acumulación de experiencias significativas que los coloquen como líderes empresariales y en algunos casos, incluso familiares.

Por:
Juan Pablo Cerón De La Torre